
08 Jun Relatos del fin del mundo ¿Estaremos gobernados por Robots y la IA?
El mundo se parece cada vez más a una película de ciencia ficción. La sociedad mediatizada por máquinas. Nuestros datos personales son tomados de las plataformas (con previo consentimiento que vos mismo diste). El algoritmo predictivo se anticipa a tus gustos y te hace ofertas comerciales. Las redes sociales utilizan mecanismos adictivos para que las consumas. La tecnología permite tu reconocimiento facial y geolocalización a través de satélites y cámaras por todos lados, una especie de “ojo de Gran Hermano”. Para pedir un turno en la prestadora de salud hay que hacerlo por una aplicación, si uno no sabe usar la aplicación puede hacer consultas en la aplicación, o llamar por teléfono y esperar horas para que un ser humano te atienda y contestarte que no hay otra opción que usar la aplicación. Billeteras virtuales y dinero digital con la aparición de estafas virtuales para las que el sistema no esta preparado, el banco no se hace cargo de los robos, las tarjetas no se responsabilizan, la aplicación dice no tener la culpa, pero los desfalcos virtuales se perpetúan sin que nadie te de una solución. Te llevan a usarlas, pero luego no se hacen responsables de las fallas del sistema. Y esto sucede a diario a miles de personas. Muchas películas de cine se anticiparon y nos hablaron de esto. “Brazil” (1985), de Terry Gilliam, es una de esas pelis que te deja pensando días. Ambientada en un futuro distópico, con tecnología súper burocrática. Todo es papel, tubos neumáticos, formularios por triplicado. Sam Lowry es un hombre común que trabaja en el «Ministerio de Información». Su vida es gris, repetitiva. El sistema se le viene encima. La burocracia, la vigilancia, las explosiones «de mantenimiento» todo se vuelve cada vez más absurdo y opresivo. De qué nos habla: El mundo se autodestruye por papeleo, por deshumanización. No hay bombas nucleares, pero el sistema y las maquinas devoran al ser humano.

Es como 1984, de George Orwell (Editorial Del Fondo). Londres, año 1984. El mundo está dividido en tres superestados que siempre están en guerra entre sí. Pero nadie sabe si la guerra es real. Winston Smith trabaja en el «Ministerio de la Verdad». Queman libros, alteran diarios, borran fotos (cualquier parecido con la actualidad es realidad). Todo el mundo está vigilado veinticuatro horas, los siete días de la semana, por el «Gran Hermano». Hay telescreens en tu casa que te miran y escuchan. Si ponés mala cara, es un «crimen de pensamiento”. Esta película nos habla de las sociedades de control. Tampoco hay bombas. El mundo se autodestruye cuando te quitan el pasado, el lenguaje y la capacidad de pensar distinto. Otra película clásica es Blade Runner (1982) de Ridley Scott. La humanidad colonizó otros planetas, y acá en la Tierra solo quedaron los pobres y los «replicantes”, androides creados por la corporación Tyrell. Son idénticos a humanos, pero más fuertes y sin emociones. La Tierra está destruida, contaminada, casi nadie quiere vivir ahí. Y al mismo tiempo el mundo se autodestruye porque creamos vida artificial y después esta nos gobierna. Y yo me pregunto ¿sabremos ver las señales y detener todo esto a tiempo?
Publicado el domingo 7 de Junio del 2026, en la edición impresa de Diario Popular
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